lunes, 14 de mayo de 2018

La utopía de la prostitución

Como hombre, hetero, cis, blanco y delgado que soy me cuesta horrores todo eso que llaman "proceso de deconstrucción". Sí, lo admito, hace ya como 7 años que decidí emprender un camino de autodescubrimiento y formación cerebral en las tan intrincadas y serpenteantes sendas del feminismo.

Desde entonces no paro de cagarla. 

Por un lado están mis incongruencias propias. Típicas de aquel ser que nace, crece y se forma directamente con los mimbres viscosos y pestilentes del patriarcado. Es complicado, horriblemente difícil intentar regirte por de equidad, solidaridad y empatía en un mundo donde la razón imperante está profundamente marcada por el matrimonio entre el dinero y el egocentrismo. Soy hombre, y, como tal mi inercia patriarcal egoísta tiende a mirar para mí mismo. Qué me causa sufrimiento, qué me causa disgusto, qué me inquieta, qué me humilla,.. Es tan jodidamente laborioso desprenderme de mi pellejo para ponerme en el de otra persona que hay veces que colapso y me descubro oscilando de manera enfermiza y repetitiva entre pensamientos polarizados, antagónicos entre sí,... normalmente a las 5 de la mañana, que es la hora que mola para darle vueltas a mierdas.

Por otro lado están las incongruencias de los demás. Porque sí, soy un ser inacabado e inseguro que de repente tiene que buscar respuestas existenciales e infalibles provenientes de otros seres inacabados e inseguros. Claro, de vez en cuando me encuentro siguiendo ciegamente la senda que me ha marcado otro ciego. Y conseguir respuestas incorrectas no es precisamente lo que frustra ( dado que, en el proceso de arquitectura de la realidad, todas las respuestas son válidas), lo que frustra es caer en la cuenta de que llevas zambullido un montón de tiempo en una corriente de pensamiento generada por gente que no disponían de toda la información suficiente cuando iniciaron la susodicha corriente.

A colación del feminismo, el egoísmo y la incongruencia, últimamente me ha pasado esto de que según me sople el viento estoy a favor o en contra con un tema en particular: LA PROSTITUCIÓN. 

Y creo que, después de varias despedidas de soltero, de libros y vídeos de youtube de feministas  (y aliados) abnegadas, de compartir opiniones con conocidos y amigos consumidores de prostitución y de reportajes de Salvados, creo que he llegado a una especie de paradigma que puede definirme de manera objetiva con respecto al tema, y es el siguiente:

"El sexo, como medio de relación humana debe de significar un vehículo de entendimiento entre las personas. Una manera de destruir barreras. Una herramienta para mejorar el mundo".

Aquí empieza la ronda de preguntas:


  • ¿Puede la prostitución entrar en esta concepción de "sexo sano"?  A mi entender no. El hecho de que exista una transacción económica pone los individuos de una y otra parte en escalones desiguales. O sea, les hace hablar idiomas distintos. El consumidor habla el idioma del placer mientras que el vendedor habla el idioma del comercio, del dinero. Uno piensa en resolver una pulsión primaria mientras que el otro piensa en resolver una necesidad materialista. 

  • ¿Son las transacciones económicas perniciosas para el desarrollo de una sociedad? Depende. En un planeta donde los recursos son limitados y donde la energía para gestionar dichos recursos no puede ser igualmente usada por todos los individuos puesto que cada uno nace en un contexto geográfico, cultural y psicológico distinto, el comercio y la economía son herramientas del todo útiles y necesarias para facilitar la correcta y sostenible gestión de los mencionados recursos. Ahora bien, hablamos de recursos materiales. De la materia. El sexo no puede ser considerado recurso, como no puede serlo la amistad, las relaciones paternofiliales, etc.  por lo tanto no puede entrar dentro de lo comerciable.

  • ¿Es entonces pernicioso cualquier tipo de comercio sexual, como el porno o el baile erótico, donde entran en juego las pulsiones primarias a cambio de dinero? No tiene porqué. Sería beneficioso siempre y cuando se englobe dentro de un concepto de ocio, cultura o el arte. O sea, si se utiliza el sexo como lenguaje para construir un discurso que llegue a un consumidor con ánimos de hacerle pensar, discurrir, recapacitar, enseñar o fomentar su conocimiento. Todas estas prácticas destinadas a mejorar nuestra práctica de dicho lenguaje a la hora de relacionarnos sexualmente con otras personas.

  • ¿Puede la prostitución entrar en este concepto artístico y/o formativo del sexo? Me temo que, tal y como se concibe la prostitución hoy día, no. Como ya he señalado antes, el consumo prostitucional a día de hoy se asemeja más a un consumo material que a un consumo cultural. Esto no quiere decir que no haya casos de consumo de prácticas sexuales en pos de un mejor funcionamiento de la sociedad, como por ejemplo las terapeutas sexuales que enseñan a gente con polio a relacionarse con su sexualidad mediante la práctica sexual. Es cierto que, dentro del consumo de prostitución hay factores psicológicos por parte del consumidor que piden a gritos ser solucionados, como por ejemplo la inseguridad, la baja autoestima o los miedos (que son tres conceptos hermanos). En cuyo caso el consumo de prostitución tal y como se efectúa hoy día no es, ni de lejos, una vía útil para solucionar dichos problemas. 


... entonces, volvemos a la pregunta original pero cambiando el tiempo verbal:


  • ¿Podría la prostitución entrar en una concepción de "sexo sano"? Se me hace jodidamente difícil imaginar dicho escenario pero supongo que, si cambiásemos muuuuucho muuuucho nuestros esquemas filosóficos, las estructuras sociales, y, de buenas a primeras, evolucionásemos a nivel mental hasta ponernos a la altura de nuestra evolución tecnológica,  podríamos llegar a pagar por sexo con un fin cultural y/o formativo. Claro está, esto solo se podría dar en un contexto donde la mujer no estuviese en considerable minoría de oportunidades con respecto al hombre. Donde las relaciones sexuales en la pareja se hubiesen liberado al fin de la monogamia impositiva. Donde la comunicación entre hombres y mujeres fluyese de tal modo que no hiciese falta la mentira y la manipulación para relacionarnos, ... entonces, en esa utopía lejana e irrealizable, podríamos hablar de prostitución sana. De prostitución formativa. Mientras tanto, la prostitución es una actividad comercial que resta más que suma.

  • ¿Quién tiene la culpa que exista la prostitución?  Habiendo dejado claro el carácter consumista de la actividad prostitucional, me ciño a los esquemas básicos de funcionamiento de cualquier mercado: Oferta/demanda. Si no hay demanda, no hay oferta. Si no hubiese puteros no habría putas. Fin.